Recomendaciones veraniegas VII

Ya llevamos siete años seguidos ofreciendo una serie de recomendaciones literarias para las vacaciones estivales, época siempre propicia para la lectura. Y este año, a pesar de las pandemias y de los “amazones”, también queremos que Tusitala os acompañe durante el verano:

Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. A este escritor chileno afincado en Asturias se lo llevó el maldito Covid en abril, pero ningún virus nos debe impedir disfrutar de su obra más conocida y celebrada, Un viejo que leía novelas de amor. En ella, seguiremos la peripecia vital de Antonio José Bolívar Proaño, un pobre campesino con nombre de rico hacendado que conoce la selva y a sus habitantes indígenas como si formara parte de ambos. Una novela corta que sus lectores quisiéramos que hubiera sido mucho más extensa, tanto como Cien años de soledad, con la que comparte la misma visión del mundo y la misma pasión por contar historias. Como Tusitala.

 –Greta Thunberg, de Anke Weckmann y María Isabel Sánchez Vegara. En su colección de biografías infantiles Pequeña & grande, la editorial Alba nos presenta, a modo de cuento, a destacadas figuras públicas con las que aprender e identificarse. Tras dedicar anteriores libros de la colección a personajes ilustres como Simone de Beauvoir, Gloria Fuertes o Federico García Lorca, ahora llega el turno de Greta Thunberg, esa adolescente sueca que no se cansa de recordarnos que solo tenemos un planeta para vivir, y que lo estamos destruyendo.

El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Con el subtítulo La invención de los libros en el mundo antiguo, este ensayo publicado por Siruela recibió hace unos meses el Premio Ojo Crítico, y desde entonces no para de recomendarse y leerse y reeditarse, gracias a esa magia literaria que a veces reduce al ridículo a las campañas de marketing y demás trucos de ilusionista. La filóloga Irene Vallejo ofrece en su libro sobre libros una larga oda al poder de la literatura, un canto que no es fúnebre sino que sigue celebrando el éxito secular de ese artefacto insuperable llamado libro. Y lo hace narrando, contando historias, otra vez como Tusitala: El infinito en un junco nos lleva de siglo en siglo, de civilización en civilización, para hacernos redescubrir que el amor por los libros no tiene límites, y que caminamos a hombros de gigantes.

Pandemia, de Slavoj Žižek. Hemos sido protagonistas de una distopía, hemos padecido el fin del mundo, y a pesar de ello nos puede la tentación de seguir corriendo como si nada hubiera pasado, sin siquiera parar un instante a preguntarnos qué ha ocurrido realmente y cómo debemos enfrentar el futuro. Por fortuna, para hacer preguntas tenemos a la filosofía, y a Slavoj Žižek, que ha sido de los primeros intelectuales en publicar una serie de reflexiones en torno a la pandemia. En este breve ensayo que edita Anagrama, el mordaz filósofo esloveno propone un cambio de paradigma que nos permita salir con dignidad y esperanza de esta crisis.

Sarajevo Pain, de Fidel Martínez. Tras firmar varias obras también relacionadas con conflictos bélicos, como Cuerda de presas y Fuga de la muerte, el historietista sevillano residente en Badajoz nos ofrece un mosaico de Sarajevo durante el cruento asedio que sufrió la ciudad, sitiada por las tropas serbias a lo largo de 4 años. Un francotirador, un niño lector de cómics y un pintor son algunos de los habitantes de Sarajevo que Fidel Martínez ha escogido para dibujar con su inconfundible y sombrío trazo, en esta novela gráfica cuya publicación Norma Editorial tuvo que aplazar debido al estado de alarma y que, al fin, llega a las librerías en el mes de julio.

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De vuelta a Tusitala

«Vuelvo a Tusitala, tras estos meses de encierro, a por unos libros, a por un poco de consuelo. Hay entre los libreros un halo que les es propio, un algo indefinido que se sitúa entre la bondad, el romanticismo, el civismo, el idealismo, no sé, pero hay que ser de otra pasta, de una gran heroicidad para hacer ese trabajo con tanta entrega, con tanto amor por el oficio, con todo prácticamente en contra».

Un artículo del escritor Carlos Reymán Güera – Fotos Laura Enrech

Iba yo por las calles vacías, camino de Tusitala, regresado y desconfinado del país de los relojes detenidos, momentáneamente rescatado por la bruja buena que duerme en todos los bosques que sueñan los niños, desescalando grises y telediarios, con la tarde amenazando lluvia y un viejo sin mascarilla cruza de acera, de tiempo, se sitúa fuera de los horarios, se enciende, con exagerada parsimonia, un pitillo.

Iba yo por la tarde vacía de las calles, camino de Tusitala, con puericias de un corazón desfasado al que le han crecido los gusanos de una ilusión acongojada; atravesando la Tierra Media de las caceroladas perpetuas, las edades sin lámparas, sombras, primaveras de Arda; con galáctico, pirático, alienígena paso firme, el cielo enmascarillado, quién lo desenmascarillará, plata o plomo de los azules, ahora, en que el presente muere antes de nacer, en que ya todo es casi pasado, me detengo en el semáforo en rojo para dejar pasar el aire, a lo lejos husmean, cada uno sus incertidumbres, un perro y una chica, pienso en esta alegría pueril, a la que me aferro con tanto afán, de ir a recoger unos libros.

Camino de Tusitala, como un secreto soldado del Señor de las Dos Tierras (estos días estoy leyendo El infinito en un junco de Irene Vallejo, algo más que recomendable), nadie sabría suponerlo siquiera, sobre todo si me ven con esta cara de pasmo en la esquina, rastreo el sueño completo de mi propia Gran Biblioteca de Alejandría, mi íntima recolección de infinitos, de juncos inmarcesibles que contienen las obras completas del tiempo y el absoluto.

Me paro, me entretengo un poco, no quiero agotar tan pronto el paseo que sabe a norte y recuerdos y que, como diría aquél, es tan real que parece mentira. Deshago mis pasos, me detengo sin motivo, se está tan bien, los ojos descubiertos perciben el olor húmedo del aire, ese olor transparente, su fría limpidez, la nariz del aire en mis ojos y yo con mi jaleo de libros y recuerdos, me veo entrando de nuevo en aquella librería en Alemania a donde me llevó mi padre por primera vez. He visto pasar a un padre con su hijo de la mano y los he seguido hasta allí.

Es curioso porque mi padre no era muy lector y en mi familia, exceptuando a mi abuela con la que apenas tuve trato, casi nadie era aficionado a la lectura. No se entiende, por tanto, esa inclinación de mi padre por llevarme a comprar libros, su empeño por enseñarme a leer tan pronto (entre los 2 y los 3 años), pero lo cierto es que aquello resultó definitivo, los dos entrando en una librería, siempre recuerdo la escena en invierno y casi no hay actores, las calles se ensanchan de manera metafísica en mi cabeza, la librería, situada en una plaza donde apenas hay otros edificios, es elegante, con esa sobriedad elegante de los alemanes, toda en maderas nobles, se han excedido un poco acaparando símbolos medievales; una mujer muy silenciosa nos observa mientras (entonces desconocía este verbo que me regalaría Borges unos años inaugurales después), nosotros fatigábamos libros.

Luego, mi padre, claro, murió y tuve que aprender a ir solo a las librerías. Las he buscado siempre, en todos mis viajes, algunos hechos exclusivamente para visitar alguna en concreto. Mi laberinto interior es una sucesión de librerías visitadas que lleva a aquella primera librería de mi infancia, a la mano de mi padre, mi ónfalo.

Vuelvo a Tusitala, la librería de mi amigo Agustín, tras estos meses de encierro, a por unos libros, a por un poco de consuelo. Hay entre los libreros un halo que les es propio, un algo indefinido que se sitúa entre la bondad, el romanticismo, el civismo, el idealismo, no sé, pero hay que ser de otra pasta, de una gran heroicidad para hacer ese trabajo con tanta entrega, con tanto amor por el oficio (oficio sagrado lo ha llamado el otro día Alberto Manguel en un artículo), con todo prácticamente en contra.

Miro un poco los libros por encima, sin mucho aleteo y recojo los que había encargado. A través de mi mascarilla aspiro con nostalgia, todo lo hondo que puedo, la quietud sosegada de los libros en sus estantes. Alguno me mira con esa fijeza sabia de quien adivina lo que estás pensando. Me despido de Agustín hasta otro día. Todavía hoy me sigue pareciendo increíble su naturalidad, esa despreocupada tranquilidad, sin haberse dado nunca la más mínima importancia ante el hecho de llevar, en uno de sus bolsillos, la llave con que abre la puerta de todos los laberintos, como si fuese la cosa más normal del mundo. 

Descubrimiento del continente Luis Sáez

Una reseña de Carlos Reymán Güera para Librería Tusitala

El siglo XX como continente fracturado, la deriva continental de un tiempo colisionando entre sí, placas tectónicas deslizándose hacia la bruma de la memoria, contornos difusos de una pangea improbable disuelta en lejanías, sedimentos de masas de tierra que se depositan sobre este lado del hoy y conforman ese amplio horizonte de hechos comprobados al que han dado en llamar olvido. Los primeros días del confinamiento puse sobre mi mesa tres libros de Luis Sáez Delgado: Animales melancólicos, Un duelo privado y Descubrimiento del continente negro; y me dispuse a cruzar toda esa geografía inexplorada que se abría ante mí con la sola promesa de lo desconocido.

Las cosas hay que hacerlas bien. Si de estar encerrado se trata no hay como hacerlo entre libros, con libros, en libros… y dejar que pase lo inesperado, como por ejemplo me ha pasado a mí, que he descubierto un continente literario entero para mí solo (que, por supuesto, quiero compartir con vosotros), entre estas cuatro paredes que vagan en su día sin fecha, balanceándose en una quietud inquietante de silencios que a veces espanta las caceroladas, pájaros de mal agüero, y otras los aplausos, único momento en que hay que dejar de leer.

No sabría decir si a Luis Sáez le ha salido sin querer, o ha sido completamente deliberado, buscado de una forma bien estudiada, una trilogía fascinada y fascinante de casi todo el siglo XX, lo que va desde sus inicios hasta la caída del muro de Berlín, momento en que la Historia deja de escribirse, los continentes se repliegan sobre sí mismos reinventándose en furibundas sociedades neoliberales, réplicas capitalistas de un sistema que ha contagiado al mundo.

En el comienzo del siglo pasado Extremadura siente nostalgia de una Arcadia inexistente, producto del anhelo de lo que nunca se tuvo y cuya invención altera el ánimo de una gran cantidad de escritores extremeños que se entregan, con cierto regusto de victimismo orgulloso, a la melancolía regionalista. Luis Sáez, nuestro Alfred Wegener, pone todos los apuntes de su trabajo de campo a disposición de un magnífico ensayo en el que los fragmentos, las lecturas, las oportunas aclaraciones, los inestimables puntos de vista del autor, van concordando más que una tesis una mirada, la novela de una mirada rebosante de ternura, por decirlo de manera galdosiana, de misericordia, de absoluta misericordia hacia todas aquellas criaturas extraviadas, fatalmente letraheridas.

Toda esa emoción equivocada, que en otras latitudes tuvo distintas consecuencias, de Animales melancólicos (Los libros del oeste), no podía más que desembocar, en el siguiente tercio del siglo, en nuestra nunca suficientemente subrayada como terrible Guerra Civil, a pesar del empeño de algunos por reconvertirla en otra Arcadia imposible (¡ay, la épica de los discursos y los discursos de la épica!).

Un duelo privado, subtitulado Notas sobre el exilio como literatura de viajes (Editora regional de Extremadura), prácticamente un compendio de géneros literarios que se confunden, se mezclan y entremezclan creándose y recreándose, que tiene mucho de esos libros sobre libros y escritores que tanto le gusta escribir a Enrique Vila-Matas, pero con una voz narrativa muy distinta, novela de voces, graves, serias, que entre todas ellas suman una sola voz de dolor, el dolor de la pérdida.

Pasando por los nacionalismos periféricos y sus cantores, siguiendo la escritura apasionada de rabia de quienes perdieron la patria en la guerra, Luis Sáez no suelta el hilo del tiempo en el que vibra el siglo XX y continúa su indagación, su exploración, la profunda aventura que supone siempre todo intento de comprender, y retoma su cámara particular donde finalizó la secuencia anterior, en el momento en que comienza la década de los cincuenta y el mundo todavía conservaba una cierta inocencia, se aferraba a algo parecido a la esperanza.

Descubrimiento del continente negro (de la luna libros, colección Lunas de oriente, relatos), es ya el libro de un maestro absoluto de la fabulación, de un escritor dueño de un estilo propio preciso, claro, bien definido, con una enorme capacidad para maniobrar en el movedizo terreno de las erudiciones varias, seleccionando con buena mano los detalles, datos jugosos y representativos, como puntos sueltos sin numerar que tiene que unir el lector para construir/reconstruir una historia, la historia oculta tras la Historia, la Historia encerrada en una historia que habla de la verdad de un tiempo, de la mentira de la verdad de un tiempo, del tiempo de la mentira de la verdad.

Ahora en unos días volveremos a las calles tímidamente, o quizá no tanto. Habrá que volver a las ferreterías y a los establecimientos para el arreglo de calzados. Quemaremos fases y desfases; dará gusto volver a vernos, volver a conocernos. No se os olvide pasaros por las librerías, sobre todo por la de Tusitala, siempre con cita previa, desde luego. Comprad libros, llevaos mundos, geografías, vidas, continentes, como estos de Luis Sáez Delgado que explican todo un tiempo que aún hoy produce una gran perplejidad, y que a su vez explican el ahora.

Carlos Reymán Güera          

Recomendaciones en vídeo

Aunque ya llevamos varios años realizando recomendaciones radiofónicas gracias a nuestras colaboraciones con la Cadena SER, nos lanzamos ahora a recomendar lecturas a través de breves vídeos grabados, por supuesto, en la propia librería Tusitala.

Estas recomendaciones literarias en vídeo se irán actualizando a razón de una por semana, y podéis verlas en nuestra página de Facebook, concretamente en este enlace.

Recomendaciones veraniegas VI

Por sexto año consecutivo, como cada verano desde la librería Tusitala os ofrecemos una serie de recomendaciones literarias para las vacaciones estivales, época siempre propicia para la lectura:

Tus pasos en la escalera, de Antonio Muñoz Molina. Tras una mudanza desde Nueva York, un hombre solo y desocupado espera en Lisboa la llegada de su esposa a la casa que han de habitar juntos. Esa es la premisa de la última novela de Muñoz Molina, una espera que se hace cada vez más tensa, en una ciudad acogedora y al mismo tiempo un tanto hostil. Una lectura idónea para quienes viajan con frecuencia a Portugal, que nunca está demasiado cerca.

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich. Este ensayo de la escritora bielorrusa, Premio Nobel de Literatura en 2015, es el origen de Chernóbil, la exitosa serie de televisión de la cadena HBO. A través de un conjunto de estremecedores monólogos, la autora recoge los testimonios de quienes vivieron la tragedia nuclear de primera mano, y describe de manera muy elocuente la incompetencia, el heroísmo y el dolor que marcaron aquel episodio histórico y sus consecuencias.

Qué tarde se nos ha hecho, de Antonio Orihuela. No puede faltar la poesía en unas recomendaciones veraniegas, a través de esta antología con prólogo y selección del filósofo Santiago Alba Rico. Para una reseña completa sobre esta obra de Antonio Orihuela, tenemos la de nuestro buen amigo Carlos Reymán, ya publicada en Tusitala; aquí os dejamos con unos pocos versos: «Cada vez veo más gente / con una venda / puesta en los ojos. / Incluso he visto gente que, / habiéndosele movido un poco, / se la vuelve a colocar correctamente».

Violetera, de Tellado & Jaimez. Tampoco puede faltar un toque de literatura infantil, en este caso un cuento protagonizado por una maestra en bicicleta, Violetera, que revolucionará el colegio al que llega y a sus alumnos, mediante la puesta en práctica de algo tan sencillo como infrecuente: aprender a ser libres.

El tesoro del Cisne Negro, de Paco Roca y Guillermo Corral. No nos cansamos de recomendar los cómics de Paco Roca, justo ahora que acaba de reeditarse Los surcos del azar, en una versión ampliada y con portada a todo color. Pero su obra más reciente es en realidad El tesoro del Cisne Negro, donde narra la trepidante odisea de un diplomático y una bibliotecaria en pos del tesoro hundido de un galeón español. Repleta de intriga y de guiños a Tintín y a la narrativa clásica de aventuras, la peripecia histórica del Cisne Negro os dejará con ganas de zambulliros en aguas de alta mar.

Feliz verano, amigas y amigos de Tusitala.





Qué tarde se nos ha hecho

Una reseña de Carlos Reymán para librería Tusitala

Fuera del alcance del poder y de las listas de ventas, mientras los siempre jóvenes viejos poetas hacen el más vacío todavía y se ponen a rueda de la enredada poesía de la red, con sus grandes cantores de la nada y otros coloquialismos poéticos, 200.000 suscriptores por banda, viento en popa hacia el Planeta (Lorca diría hoy, “la poesía no quiere seguidores, quiere amantes); en tanto las editoriales se vuelven a frotar las manos porque la poesía también se vende y cómo, algunos poetas, pocos para los muchos que hay, han entendido que tenían que seguir a lo suyo, sin cejar en el empeño cuando más los ninguneaban, cuando más palos les daba la crítica, poetas intratables que solo trataban con la poesía, sin intermediarios, sin intendentes interesados ni gerentes de la injerencia ni toda la baja alta gama de zascandiles que van del tonto útil al tonto solemne, pájaros que, por instinto, gustan de anidar en las concejalías de cultura.

Hablo, claro, de Antonio Orihuela como uno de esos poetas de la resistencia, resistencia en la tierra, probablemente una de las voces más honda y verdadera de la poesía española, en el caso de que eso se pudiera cifrar, lo hondo, lo verdadero, la poesía, lo español, lo probable.

En octubre lanzaba la Editora Regional de Extremadura una antología personalísima confeccionada por Santiago Alba Rico de todos los poetas que hay en Antonio, la pequeña multitud que conforma a este poeta situado en el extremo de las voces que nadie escucha y cuyo eco resulta la suma de un nosotros. El resultado ha sido magnífico, un prólogo que pone de manifiesto la aguda inteligencia visual de Alba Rico y una acertada selección de poemas que bien dan una panorámica completa, cabal, de la ya ingente obra de Orihuela. Válido tanto para quien se aproxima por primera vez como para quien quiera llevarlo de un sitio a otro como un mapa de la derrota que nos sitúa sobre las palabras justas que aún ayudan a levantar la dignidad, la compasión, la libertad, la hermosura.

En este travelling sentimental, como de elctroduende rebelde de la lectura, hemos salido retratados  junto a un tiempo ido que no siempre fue nuestro, pero que da una idea clara de lo que pudo ser la  pelea y no fue, de lo que es la pelea y no ha sido, conato de insurgencia con la que nos quisimos/queremos defender de tanta insoportable injusticia, ahí estamos, está lo mejor de nosotros, si es verdad que alguna vez fuimos bellos y buenos, que algún día lo seremos.

Antonio Orihuela, que ha escrito por no pegarse un tiro, también ha sabido arder como muy pocos en el poema, fuego fatuo, ave fénix, fuego amigo, a esa hoguera nos hemos acercado unas veces para calentarnos solo las manos y otras para quemarnos los ojos y empezar a ver de verdad. Qué tarde se nos ha hecho, sí, cierto, ahora que todavía estamos a tiempo.

Luis Costillo

Hace unos días se nos murió Luis Costillo, a quien nunca le importó ser el mejor artista vivo desde hace no sé cuántos años ni referido a no sé qué concretas geografías. Esas son las cosas por las que se guían los demás. Para Luis el arte valió como prolongación natural de la vida y se sirvió de uno y de otra para pensar y hacernos pensar. Toda la obra de Luis ha sido un pensar y una invitación a pensar: pensar lo pensado, si se me permite.

Pocas veces se da en una misma persona tanta excepcionalidad, la excepcionalidad del artista, desde luego, pero, sobre todo, la excepcionalidad humana. Enormemente generoso, su inteligencia atenta, curiosa, insaciable no desaprovechaba nunca la oportunidad de indagar. Luis era lo infrecuente.

Lo esperábamos a la vuelta de los hospitales, como otras veces, con un nuevo libro que le editaría Julián Mesa, con dibujos de laberintos y puertas, arquitecturas en las que uno se adentra por el ojo de un pez, por la llaga de la mano de un maniquí caído en la calle.

Ha venido la muerte a dejarnos a solas con su obra, ya todas las conversaciones pendientes serán mirándonos en ese espejo. No somos pocos los que nos hemos quedado huérfanos de Luis. Para ellos escribo desde esta página de Tusitala donde, un día, comenzamos una endiablada partida de la Oca’ 84 que todavía queda sin terminar.

Carlos Reymán Güera

Recomendaciones veraniegas V

Aunque esta vez con cierto retraso, como cada verano desde la librería Tusitala os ofrecemos una serie de recomendaciones literarias para las vacaciones estivales, época siempre propicia para la lectura:

charleyViajes con Charley, de John Steinbeck. El autor de esa gran novela social que es Las uvas de la ira se dio cuenta a sus 58 años de que llevaba demasiado tiempo sin recorrer Estados Unidos, y que no podía seguir escribiendo sobre su país y sus gentes si no conocía sus historias de primera mano. De manera que preparó su autocaravana, de nombre Rocinante, y con la única compañía de su perro, de nombre Charley, recorrió más de 16.000 kilómetros y 34 estados. La crónica de ese viaje, publicada con esmero por la editorial Nórdica, es una joya literaria, una emocionante travesía por tierras y paisajes singulares, por sus no menos singulares habitantes, y por la peripecia vital del propio autor del libro. Solamente el pasaje dedicado a las impresionantes secoyas, cuando Steinbeck llega a los bosques de California, merece un lugar de honor en la historia de la literatura y del amor por la naturaleza.

contarContar es escuchar, de Ursula K. Le Guin. Este año abandonó el planeta Tierra la gran maestra de la ciencia-ficción. Justo unas semanas antes de su fallecimiento la editorial Círculo de Tiza publicaba esta recopilación de artículos y ensayos «sobre la escritura, la lectura, la imaginación», según reza el subtítulo. Mientras encontramos el momento de repasar las obras fundamentales de Ursula, como Los desposeídos o La mano izquierda de la oscuridad, en este volumen podemos encontrar agudas reflexiones en torno a asuntos tan dispares como la creación literaria, el feminismo, el arte o la política. En sus propias palabras: «Escuchar es un acto de comunidad que requiere un lugar, tiempo y silencio. Leer es una manera de escuchar».

poridentidadAnimal, de Jesús Colomina. ¿Querría alguien renunciar voluntariamente al estatus de ser humano? Y, sobre todo, ¿por qué querría hacer algo así? Esta novela gráfica del madrileño Jesús Colomina se adentra en las motivaciones y en el impacto social que tendría la decisión de un hombre cansado y silencioso, aparentemente hastiado de vivir, alrededor del cual se desata una batalla legal y mediática ante su solicitud de renunciar a seguir siendo humano. Además de lo atrevido de la propuesta, impresiona la habilidad narrativa que el autor despliega para contar esta historia, que se lee como un cómic pero se ve como un documental, o viceversa. Tan recomendable como su anterior obra, Hoy es un buen día para morir, también publicada por Dibbuks y que vino a presentar a Tusitala.

oliviaOlivia y las plumas, de Susanna Isern y Esther Gili. La historia de la niña Olivia, capaz de comunicarse con los animales, es un cuento infantil que, como todos los buenos cuentos infantiles, puede ser igualmente apreciado y disfrutado por lectores adultos. Acompañado de las magníficas ilustraciones de Esther Gili, el texto de Susanna Isern desborda imaginación y nos cuenta lo útil que puede llegar a ser una buena colección de plumas para remediar los efectos de la sequía sobre unos peces que se están quedando sin agua y no consiguen llegar al mar. El libro lo publica la editorial Kireei, y nos invita a volar.

9786073139588-esParís no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas. Publicado hace ya algunos años por Debolsillo, este libro del autor barcelonés podría considerarse un clásico de la comedia literaria. París no se acaba nunca parte de dos pretextos: del homenaje a varios de los muchos escritores que vivieron en la capital francesa, y de la crónica del paso por París del propio Vila-Matas cuando apenas contaba 20 años y jugaba a ser bohemio. Pero es sobre todo un libro jocoso, divertido, mordaz, lleno de inteligencia y de referencias literarias; es un libro que invita a leer otros libros, y que el lector o lectora empieza y termina sin saber qué es mentira y qué es verdad (¿acaso importa?), si es cierto que Vila-Matas fue a Florida para participar en un concurso de dobles de Hemingway o si realmente su primera estancia en París acabó de forma tan abrupta como nos cuenta. La respuesta es que París no se acaba nunca

Feliz verano, amigas y amigos de Tusitala.

Recomendaciones literarias para este otoño

Al igual que hemos hecho habitualmente cada verano, desde la librería Tusitala os ofrecemos una serie de recomendaciones literarias para la temporada otoñal, época siempre propicia para la lectura:

EAL31918Berta Isla, de Javier Marías. Publicada por la editorial Alfaguara, la última obra de Javier Marías es una “novela de espías sin espías”, como la ha calificado el autor. El nombre propio de la protagonista es también el título de la novela, que se inicia en el Madrid de los años 70 y en esa misma ciudad desemboca en los 90, tras pasar por Oxford y Londres. Berta Isla es sobre todo la historia de una ausencia, la del marido, reclutado por los servicios secretos británicos y desaparecido en enigmáticas circunstancias. Una vez más, con el estilo y la atmósfera narrativa de su celebrada trilogía Tu rostro mañana, Javier Marías invita al lector a acompañarle en una absorbente búsqueda literaria en torno a la identidad y la memoria.

La-montana-de-libros-mas-alta-del-mundo_2-La montaña de libros más alta del mundo, de Rocío Bonilla. Si el auténtico propósito de un buen libro infantil es fomentar el hábito de la lectura, este cuento publicado por la editorial Algar lo cumple con creces, nunca mejor dicho. Entre sus páginas nos divertiremos mucho siguiendo las peripecias de un niño empeñado en aprender a volar como los pájaros y que no tardará en descubrir, gracias a su madre, que la mejor herramienta para volar es la imaginación, sobre todo cuando viene acompañada de la lectura de, literalmente, La montaña de libros más alta del mundo. Esta reseña ha quedado un poco misteriosa, pero es que la mejor manera de averiguar qué esconde este libro es, por supuesto, leerlo. Y dejar volar la imaginación.


auster4 3 2 1, de Paul Auster
. Siete años llevaba sin publicar el escritor neoyorquino Paul Auster, y tal vez por eso nos ofrece ahora cuatro novelas en una. 4 3 2 1 son cuatro posibles desarrollos de la vida de un mismo personaje, con el elemento común de su fecha y lugar de nacimiento: el 3 de marzo de 1947 en Newark, Nueva Jersey. A partir de ahí Paul Auster explora de manera deslumbrante los límites del azar y las consecuencias de nuestras decisiones. Porque todo suceso, por irrelevante que parezca, abre unas posibilidades y cierra otras.

persepolisPersépolis, de Marjane Satrapi. Nunca es tarde para recomendar este clásico de la novela gráfica, que a través de los ojos de su autora nos cuenta la vida en Irán desde 1979, año de la revolución, hasta nuestros días. Los pequeños detalles de su vida personal, de su educación, de sus relaciones con su familia y amigos, de la percepción de su propio cuerpo y su valía como persona y como mujer sirven de espejo de la historia de Irán durante la últimas décadas mejor que cualquier crónica política. La belleza de Persépolis reside en el equilibrio perfecto que Marjane Satrapi consigue mantener entre el horror y el humor, entre la denuncia y el respeto, entre el dolor y la esperanza.

                                               Más info sobre este libro en el blog Cuentan ellas cuentan

Americanah-fahrneheit-4
Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie
. La última novela de esta escritora nigeriana, autora del célebre ensayo Todos deberíamos ser feministas, es una historia de amor y de intercambio y desencuentros entre culturas: la nigeriana y la norteamericana. A través de una prosa fresca, con gran sentido del humor, alegre y punzante a la vez, con un ritmo narrativo muy atractivo, Americanah es una excelente novela para adentrarse en otras visiones del mundo: desde los ojos (y el cuerpo) de una mujer nigeriana de clase media, desde los ojos de un joven nigeriano, desde los ojos de inmigrantes africanos en Inglaterra y Estados Unidos con diferentes grados de miseria o éxito. Un hallazgo literario.

Más info sobre este libro en el blog Cuentan ellas cuentan


Feliz otoño, amigas y amigos de Tusitala.

Persépolis

Una reseña de Julia Rípodas para librería Tusitala

Cuando se tiene miedo, se pierde la capacidad de análisis y reflexión, nuestro pavor nos paraliza. Por eso el miedo ha sido el motor de represión de todas las dictaduras”

Teherán, años 80. Una niña que ha crecido en una familia progresista y ha sido educada “a la occidental” asiste a los cambios que se imponen en las costumbres y libertades en su país. Por medio de un cómic en blanco y negro, dividido en cuatro libros, en el que el texto tiene tanta importancia como el dibujo, Marjane Satrapi nos cuenta su vida desde el año 1979, el año de la revolución que derrocó al Sha que había reinado durante más de 20 años en Irán. Esa revolución pretendía ser una revolución democrática y fue apoyada por gran parte de la población, cansada de las desigualdades sociales y de la falta de libertad de expresión y de libertades políticas. Pero tras un año en el gobierno, el nuevo régimen quedó en manos de integristas y la guerra con Irak empeoró aún más la situación.

En el Libro 1 la autora nos trasmite, desde sus ojos de niña inquieta e imaginativa, su perplejidad y confusión ante la radicalización del gobierno y las nuevas prohibiciones impuestas a la ciudadanía: el uso del pañuelo para las mujeres, el cierre de escuelas mixtas y las detenciones y torturas a los disidentes (muchos de los cuales habían apoyado la revolución). Como ejemplos de su pensamiento infantil, nos describe sus conversaciones existenciales con Dios (al que visualiza con el aspecto de Marx) y su intención de crear una nueva religión de la que ella misma será la profeta y uno de cuyos primeros preceptos será: “Ninguna anciana sufrirá” (ya que a Marji le preocupa que a su abuela siempre le duelan las rodillas). La abuela le pregunta: “Y ¿cómo harás para que ninguna anciana sufra?”. Y ella le responde: “Muy sencillo, estará prohibido”.

En el libro 2 la autora relata el deterioro progresivo de la situación en Teherán agravado por la guerra Irán-Irak y cómo sus padres deciden enviarla a Viena para que pueda estudiar en un colegio francés y mantenerse a salvo de los bombardeos y atentados.

El libro 3 es la narración de su paso por Europa durante cuatro años en los que la adolescente se irá adaptando, con ciertas dificultades, a esa nueva cultura y a su soledad lejos de su familia y su país, del que ya no queda casi nada del lugar en el que ella creció.

En el libro 4 nos cuenta su regreso a Irán donde se sentirá como una extraña en su propia casa. Del mismo modo que era una extranjera en Europa, de vuelta en Teherán chocará con su propio entorno, ante el cual Marjane no cumple con lo que de ella se espera. En la universidad, con un grupo de amigas y amigos se resisten en la medida en que pueden a las prohibiciones y a las absurdas imposiciones en su vestimenta y comportamiento.

“¿Cómo es posible que yo, como mujer, no pueda sentir nada viendo a estos fornidos señores de arriba a abajo, pero ellos, como hombres, puedan excitarse por cinco centímetros menos de velo?”

Los pequeños detalles de su vida personal, de su educación, de sus relaciones con su familia y amigos, de la percepción de su propio cuerpo y su valía como persona y como mujer sirven de espejo de la historia de Irán durante la últimas décadas mejor que cualquier crónica política.

La belleza de Persépolis reside en el equilibrio perfecto que Marjane Satrapi consigue mantener entre el horror y el humor, entre la denuncia y el respeto, entre el dolor y la esperanza.

Marjane Satrapi es una ilustradora, escritora y realizadora iraní nacida en 1969. Es autora de los comics Bordados y Pollo con ciruelas, también ambientados en la sociedad iraní y ha sido guionista y directora de la película Persépolis junto a Vincent Paronnaud. Desde el año 1996 vive y desarrolla su trabajo en Francia.

Reseña publicada originalmente en el blog Cuentan ellas cuentan.