Finalistas del Certamen de Microrrelatos 2020

¡Ya tenemos los 3 textos finalistas del Certamen de Microrrelatos! La librería Tusitala, en colaboración con el Ayuntamiento de Badajoz y Cadena SER Extremadura, organiza el Certamen de Microrrelatos “Día del Libro 2020, homenaje a Quintín Montero”, con un premio de 100 euros a gastar en la librería.

Se han presentado un total de 24 relatos, ¡muchísimas gracias a quienes habéis participado! Del conjunto de relatos presentados hemos seleccionado 3 finalistas, entre los cuales está el texto ganador que se dará a conocer durante la entrega del premio el próximo 23 de julio, fecha escogida por el gremio de libreros como celebración alternativa y presencial para el Día del Libro.

Os pedimos disculpas por el retraso a la hora de anunciar los finalistas, y por la imposibilidad de celebrar la entrega del premio el 23 de abril, como estaba previsto inicialmente.

Estos son los 3 relatos finalistas:

Fermentada, por Gonzalo Esteban Calderón Mendoza

Se dirigió a él con premura. Dígame usted, vecina, si el licor de yerbas ese, el de la botella de fino cuello, sirve para bajar la hipocresía. O para pasar la soberbia, asienta, por favor… La soberbia mascada de los enciclopédicos disfraces de mesías de aulario, de talentosos poetas. ¿Sabe usted, vecina? ¿Sabe usted que, cruzando el charco, hay quienes extrañando vuelven durmientes a sus rastrojos? Si pudiera verme, vecina; escucharme este callado estruendo que funde las vocales. Ojalá frente a usted, vecina… Ojalá en el ojo del trópico, soñando que el sueño no lo hace quien duerme, sino quien no.

Amor de raíz, por Javier Sachez García

Se dirigió a él con premura y acarició sus pálidas mejillas, heladas debido al frío que reinaba en el taller. Era su hijo y sentía por él un amor poderoso, radical. El hombre aproximó su cara al muchacho y le preguntó.

— ¿Me quieres?

El chico pestañeó dos veces para decir que sí y, entonces, su padre sonrió. Después de nueve meses de espera y trabajos, por fin tenía a su hijo delante de sus narices y podía comunicarse con él a través de un sistema sencillo. El crío permanecía inmóvil tumbado sobre la mesa y el padre, armado con martillo y cincel, observaba aquel cuerpo delgado pero recio, como un roble. Los ojillos almendrados, el pelo enramado y la boquita de piñón italiano. El padre acercó su rostro de nuevo y otra vez le preguntó al hijo:

– ¿Me quieres, de verdad?

El niño de palo, sin inmutarse, volvió a parpadear dos veces y su nariz entonces se alargó impunemente, como rama que brota.

Deconstrucción de Alice, por Ana Moríñigo Ramos

Se dirigió a él con premura, la decisión estaba tomada y solo podía imaginar cómo sería el reencuentro. Su sonrisa enamorada tenía su divertido reflejo en la invisibilidad minina de Cheshire, y eso no le daba buena espina. En efecto, nada salió como esperaba…empezó a llorar, y esta vez no hubo un mar de lágrimas que la salvaran de su propia desesperación. El agujero seguía oscuro, y el tic tac del reloj olvidado por el conejo blanco se detuvo. Ya no había prisa, solo la triste calma de saber que él no la amaba. No jugó bien sus cartas y la reina ganó el duelo…eran demasiados corazones para tan loco sombrerero.