Finalistas del Certamen de Microrrelatos 2019

¡Ya tenemos los 3 textos finalistas del Certamen de Microrrelatos! La librería Tusitala, en colaboración con el Ayuntamiento de Badajoz y Cadena SER Extremadura, organiza el Certamen de Microrrelatos “Día del Libro 2019, homenaje a Quintín Montero”, con un premio de 100 euros a gastar en la librería.

Se han presentado un total de 98 relatos, ¡muchísimas gracias a quienes habéis participado! Del conjunto de relatos presentados hemos seleccionado 3 finalistas, entre los cuales está el texto ganador que se dará a conocer durante la entrega del premio el próximo 23 de abril a las 20:00 horas.

Estos son los 3 relatos finalistas:

Babelia. – Autor: Marcos Ripalda Ruiz

Le desagradaba tener que compartir banco. Y encima aquel banco. Un banco que consideraba suyo y al que daba sombra un árbol grande y frondoso que podía ser un roble o un castaño, que a él lo mismo le daba. Le desagradaba tener que compartir aquel lugar casi tanto como que le tocasen al pedirle la vez o el entrechocar de los cubiertos, la aspiradora del vecino del cuarto ce, las sábanas mojadas, la halitosis disfrazada de café con leche, los cometas en el cielo, las descripciones minuciosas, las meriendas al sol, el semblante del dueño del bar, las horas enredando y desenredando la madeja peluda del tedio, pisar una caca de perro, las varillas de los paraguas listas para saltarle un ojo, la sección de clasificados. Lo que no le hubiera desagradado, si no hubiese estado ocupado enumerando su lista de desagrados, era la muchacha que se había sentado a su lado y que no estorbaba en absoluto, aunque el banco fuese estrecho. Sin saber que leían traducciones similares del mismo libro –ella lo llevaba forrado con imágenes de ídolos de las teleseries venezolanas; él, en cambio, no escondía su condición de solitario amante de la ciencia-ficción clásica–, se pasaron la tarde sin mediar palabra. La muchacha llevaba la lectura un poco más avanzada y sabía que el protagonista arreglaría el boquete en el casco de la nave, mientras nuestro cabeza de chorlito estaba todavía enredando con la forma de deshacerse de la basura estelar, que bien podía ser la suya propia.

La muerte en Valdepasillas – Autor: Francisco Javier Benítez Morales

Le desagradaba tener que compartir banco. Prefería la soledad junto a su cuaderno, justamente en frente del local donde en tiempos estuvo la librería Cortázar & Company. Un pub infame ocupaba aquel espacio para él sagrado; otro signo más de que el tiempo de las palabras había pasado.

 —¿Me puedo sentar junto a usted? —le preguntó un hombre de piel morena, vestido con un traje de ejecutivo.

—Agradezco la soledad cuando escribo —respondió él, volviendo a centrar la atención en su libreta Moleskine.

—Tengo que informarle de que esta va a ser su última conversación en este mundo.

El escritor abandonó su ensimismamiento ante la amenaza y lanzó una mirada de desaprobación a su interlocutor. Entonces comprendió.

—Veo que ya sabes quién soy.

—¿Vienes a por mí tan pronto?

—Mírese. No se ha cuidado mucho.

Era verdad, al escritor le costaba incluso andar. Por eso ya solo paseaba por un radio de 500 metros alrededor de su casa. El tabaquismo y una alimentación caprichosa habían hecho mella en su salud de forma irreversible.

—¿Qué tiene que decir antes de que partamos? —preguntó el hombre de negro.

—No tengo nada que decirte ni a ti ni a tu jefe. Pero sí que me queda algo por hacer, antes de esta obligatoria “marcha”.

Con un temblor en las manos, el escritor agarró su pluma y garabateó en su cuaderno:

Aquellos días de la juventud
cuando la luz acompañaba.
Aquellos amigos y su entusiasmo…

La estilográfica cayó al suelo.

Cambio de partida – Autor: Diana Marina Pérez Atehortúa

Le desagradaba tener que compartir banco, dirigía un país entero, él se creía autárquico, la confianza se marchó porque a todo momento que le daba una idea le fruncía el ceño porque la indecisión decía no estar de acuerdo, la prudencia se largó porque moría de pena al ver que su voz era callada porque sus consejos no eran arriesgados, el corazón se desmoronó cuando él le contestó a su mamá un día con grosería sin detenerse a pensar que tenía todo la razón, la visión se le nubló cuando se puso las gafas de la ambición, la cultura entendió que debía retirarse; armó sus maletas y despavorida se fue alejando cuando vió que la ignorancia reinaba en su mente, la paciencia le dijo a su alma que apagara sus brillos cuando la piedad se convirtió en sadismo, la cordura se desintegró cuando siguió los consejos de la insensatez, la diligencia huyó cuando empezó a ver que todo se lo gastaba mal, el hombre se estaba quedando sin fondos, la lealtad dijo: «yo me voy» cuando escuchó un centenar de presunciones sin cumplir a su pueblo, y al ver que se quedó sin equipo, los contrincantes también se fueron, y se puso a llorar, llamó a su mamá y le dijo “me dejaron solo”, ella lo cogió, lo bañó, le puso la pijama, le sirvió algo caliente, hicieron una oración, y le leyó un cuento de hadas, y entre nubes empezó otro juego desde cero con un nuevo amigo, Amor.